Nuestro coworking es mayoritariamente blanco.
Nuestro coworking es mayoritariamente blanco.
Nuestro coworking es mayoritariamente blanco.
Las paredes son blancas, los techos son blancos, las puertas son blancas, las ventanas son blancas, las cajoneras son blancas, y las mesas son blancas.
¿Demasiado blanco?
A menudo nos hacen comentarios. Aquí falta esto, o falta lo otro, le vendría bien aquello o le vendría bien lo otro. Por supuesto, después de 7 años funcionando, lo que una persona cree que falta, no coincide con lo que cree que falta una segunda o una tercera.
Esto es un mecanismo introducido por el modelo económico. Es el mecanismo de resaltar enseguida lo que falta.
Estamos programados para consumir, para añadir, para el más. Tenemos tanto ruido alrededor que cuando no hay ruido nos parece que falta, como el que se va a mitad del monte y se agobia por silencio; como si echaras de menos el ruido de la M-30 haciendo el Camino Schmidt.
Nos cuesta mucho más pensar en que quizás lo que hay es exactamente lo idóneo, que no hay que añadir ni quitar. Que las cosas son perfectas tal y como son. Sí, también se puede aplicar a la vida, esta vida que muchos pretenden convertir en una montaña rusa de emociones.
En nuestro coworking lo único que no es blanco son el suelo, es de colores madera, y las sillas que son negras.
Las paredes no tienen decoración. La decoración está bien el primer mes, el segundo y el tercero, al cuatro aburre, cansa y agota y se hace necesario cambiarla. Tendríamos que estar cambiándola cada cierto tiempo y esto tiene un coste que no es solo económico.
Por si quedaba alguna duda, la abundancia de blanco forma parte de nuestra estrategia de marca. El blanco no te exige nada ni te obliga a nada. El blanco no te roba atención. Tu atención es tu energía. El blanco no te roba energía. El blanco es zen. El blanco te permite ser tu mismo. Te permite relajarte, te permite enfocarte y te permite elegir. Los colores, la decoración, el exceso de mobiliario te exigen, generan estímulo y te consumen energía. Los estímulos externos exigen una acción del sistema nervioso para resolver y colocarlo en la cajita adecuada: peligro->atención, no peligro -> obviar. [Muy, muy resumido, no sean quisquillosos]. Es un consumo de energía más o menos subliminal y es un consumo que depende de cada uno, pero es un consumo que existe.
Nosotros preferimos ser neutros. Elegimos ser neutros. Elegimos dar la oportunidad a nuestros coworkers de que su mente se relaje y que dediquen su energía a lo que ellos decidan y no a lo que nosotros decidimos. Seguramente, alguien vendrá que nos diga que los tonos pastel, o los tonos grisaceos o unos muebles aquí o allá, no son ruido. Bueno, a lo mejor no lo son para ti, pero puede que sí lo sean para otra persona.
Nosotros no queremos ser ruido para nadie. Y la única forma de no ser ruido para nadie es, pues así, con mucho blanco.
En lo que sí estamos de acuerdo, cuando nos lo dicen, es que nos faltan plantas. Totalmente de acuerdo en eso, y cuando encontremos la forma de mantenerlas y cuidarlas las tendremos.
Hugs & kisses to all
Publicado originalmente en Medium.